Seleccionar página

Convivir con un niño hiperactivo no resulta sencillo: no dejan de hablar, tienen problemas para jugar solos y, cuando lo hacen, raras veces se mantienen en silencio. De una forma u otra, requieren de una atención constante.

El déficit de atención ocasiona que, estos niños, parezcan siempre en las nubes. Son despistados, parecen tímidos… Se les acusa de ser vagos cuando, lo que ocurre, es que les resulta extremadamente difícil centrar su atención.

A continuación, os presentamos el conjunto de síntomas que manifiestan los niños que padecen TDAH. Tened en cuenta que muchos de ellos, en sí mismos y de forma independiente, no tienen importancia alguna. Para sospechar que exista un posible TDAH, deben darse una serie de condiciones:
  1. Que los síntomas persistan en el tiempo.
  2. Que algunos de ellos se hayan manifestado antes de los siete años.
  3. Que sean evidentes tanto en el entorno escolar como en el familiar, como mínimo.
  4. Que repercutan de forma negativa en sus relaciones interpersonales.
  5. Que se presenten con frecuencia e intensidad.

Síntomas

Si consideráis que vuestro hijo o hija puede padecer TDAH consultad con un especialista que realice un diagnóstico y descarte otras patologías.

  • Tienen problemas para obedecer determinadas instrucciones. Les cuesta realizar tareas, encargos u obligaciones escolares.
  • No prestan atención a los detalles. Acostumbran a cometer errores a la hora de realizar los deberes. Sus trabajos escolares se ven descuidados por falta de pulcritud.
  • Con frecuencia se les ve en movimiento. Habitualmente, se muestran muy inquietos. Corren y saltan sin poder evitarlo en lugares y momentos inapropiados. Les cuesta concentrarse a la hora de realizar actividades lúdicas.
  • A menudo responden a las preguntas antes de que acabemos de formularlas. Les cuesta respetar el turno de palabra.
  • Con frecuencia extravían materiales necesarios para determinadas actividades (juguetes, deberes, lápices, libros, etc.).
  • A menudo interrumpen o se entrometen en los juegos, conversaciones y actividades de sus compañeros y compañeras.
  • Con frecuencia se muestran descuidados en sus actividades cotidianas. Parece que no escuchan cuando se le habla. Hablan en exceso.
  • A menudo manifiestan dificultades para organizar sus tareas.
  • A menudo abandonan su asiento en clase o en otras situaciones en las que deberían permanecer sentados.
  • Les resulta complicado dedicarse a tareas que requieren de un esfuerzo mental sostenido. Se distraen con estímulos irrelevantes. Como se diría, «con el vuelo de una mosca».

El tratamiento del TDAH incluye fármacos, reeducación psicopedagógica y educación familiar.