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El efecto Pigmalión
¿Sabéis que las expectativas que los padres tenemos sobre los resultados académicos de nuestros hijos influyen en sus resultados? Si ante ellos nos mostramos convencidos de que sus resultados académicos serán buenos, estos tenderán a serlo. Por el contrario, si infravaloramos sus capacidades, sus calificaciones tenderán a la baja. A esta tendecia se la conoce como efecto pigmalión.


Si nuestros hijos perciben que esperamos poco de ellos, obtendrán peores calificaciones. Conviene evitar comentarios como «eres un desastre con las mates» o «mira que se te da mal el dictado» o «seguro que sacas malas notas esta evaluación», porque, sin querer, estamos condicionando los resultados.

¿Por qué se comportan así?

Cuidando la comunicación conseguiremos grandes cosas. No es lo mismo decirle a un niño «eres tonto» que «estás haciendo el tonto». Lo primero no tiene arreglo (ser tonto es algo intrínseco a la persona), pero lo segundo sí. Por este motivo, ante un problema escolar, es mejor decir: «Veo que no te salen los problemas. ¿Estás seguro de que has prestado atención en clase?» o «En este dictado has cometido bastantes errores. ¿Te ayudo a repasar ortografía?» o «Creo que no te estás esforzando suficiente, tienes que estudiar más. Si lo haces, ¡seguro que te va genial! Podemos repasar juntos…»

En cierta manera, es cuestión de autoestima. Cuando nos falta confianza en nosotros mismos, obtenemos peores resultados. Es importante actuar de manera que nuestros hijos se sientan bien en su propia piel.


Fuente
Toni M. Lladó: «El efecto pigmalión» En: Aula de Secundaria, núm. 10, pp. 7‐8, nov. 2014.